Resumen
En el México actual, el tejido social se ruptura, y esta ruptura es algo que trasciende la simple diferencia entre opiniones para convertirse en una barrera que dicta la interacción humana. Esta división, alimentada por una retórica de confrontación constante emanada desde las oligarquías y replicada en la vida diaria, ha deshumanizado al individuo, reduciéndolo a un “enemigo” y eliminando cualquier posibilidad de ser empático. El ciudadano promedio se encuentra atrapado en un estado de desgaste mental y emocional, navegando entre una violencia que se ha normalizado en las calles y una profunda desconfianza hacia las instituciones. Este cinismo no es espontáneo; es el resultado de decepciones acumuladas donde la esperanza ha sido utilizada sistemáticamente como una moneda de cambio electoral, dejando tras de sí un rastro de promesas incumplidas.