Resumen
Recuerdo que un día, en una clase que imparto, les exponía a mis alumnos que para mí la arquitectura debería responder definitivamente a un sistema en el que se respete las características geográficas y el contexto social del lugar en el que se está construyendo. Les ponía el ejemplo de lo que me parecía casi un descaro, que arquitectos como Le Corbusier diseñaban edificios muy parecidos entre sí, sin importar si estaban en Francia, India, Suiza o en Latinoamérica (que son lugares donde sí construyó edificios). Él tenía una idea para diseñar casas y le llamó “la máquina para habitar”, en la que estandarizó el diseño de la vivienda porque decía “todos somos humanos y necesitamos lo mismo”, pero parecía olvidar que una casa no es solo un refugio funcional, sino también un reflejo de las personas, del lugar y de las costumbres de quienes la habitan. Como si todas las personas fuéramos universales y encajáramos en un mismo y único molde.