Resumen
En años recientes, hemos sido testigos del surgimiento de una política que celebra la "participación juvenil" como indicativo de una nueva y creciente democracia. En el espacio público, los foros, parlamentos juveniles y eventos dan la impresión de un diálogo intergeneracional sin precedentes. Sin embargo, detrás de esta falsa inclusión se oculta una pregunta filosófica fundamental: ¿es esta participación una verdadera apertura del espacio político o, en cambio, un nuevo método de control que finge el cambio mientras mantiene las estructuras de poder sin alteraciones?